¡LA MARAVILLOSA INFANCIA DE FÉLIX RODRIGUEZ DE LA FUENTE!
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(Plano | Hilos)
hoy cumple aniversario nuestro amigo Félix Rodríguez de la Fuente nos dejaba hace 30 años, cuando la avioneta en la que viajaba caía sobre el hielo de Alaska, pero el legado y el mensaje del entonces vicepresidente de Adena (hoy WWF España) sigue más vivo y más actual que nunca.
Félix Rodríguez de la Fuente se adelantó a su tiempo gracias a una visión global e integrada de la naturaleza, en la que la cada especie animal era importante por sí misma, pero también por ser una pieza dentro de un ecosistema. En este conjunto incorporaba al ser humano como un elemento más, capaz de convivir en equilibrio con su entorno y con la responsabilidad de asegurar su continuidad. Una de las cartas que enviaba a los que él llamaba sus ‘cachorros’, los niños del Club de los Linces de Adena, dejaba constancia de ello: “... el planeta es nuestro porque nos sustenta y nutre y tenemos la sagrada obligación, para nosotros mismos y para nuestros descendientes, de defender su pureza y su riqueza... que los hombres comprendan que si acaban con la naturaleza, acaban con ellos mismos”.
Por eso, alertó desde el primer momento de la amenaza que constituía para nuestra naturaleza la intensificación de ciertas actividades relacionadas con el ser humano. Así, entre las grandes batallas que libró, se encontraban la defensa de las etnias y pueblos indígenas, la lucha contra la contaminación, la desecación de los humedales, la deforestación, la destrucción de las costas, la caza y el comercio indiscriminado de especies o la necesidad de impulsar la creación de espacios protegidos. Además, se esforzó por reconciliar el mundo rural con la conservación de la naturaleza, convirtiéndose así en el precursor en nuestro país de lo que hoy llamamos ‘desarrollo sostenible’.
Como vicepresidente de Adena, Rodríguez de la Fuente trabajó sin descanso para evitar la destrucción de extraordinarios parajes de nuestro país. Por ejemplo, a él se debe, en gran medida, la salvación de las Tablas de Daimiel del proyecto de desecación del entonces Ministerio de Agricultura, y su posterior declaración como parque nacional. También luchó contra la urbanización de zonas ambientalmente tan importantes como la Albufera de Valencia o las marismas de Doñana.
Félix Rodríguez de la Fuente se adelantó a su tiempo gracias a una visión global e integrada de la naturaleza, en la que la cada especie animal era importante por sí misma, pero también por ser una pieza dentro de un ecosistema. En este conjunto incorporaba al ser humano como un elemento más, capaz de convivir en equilibrio con su entorno y con la responsabilidad de asegurar su continuidad. Una de las cartas que enviaba a los que él llamaba sus ‘cachorros’, los niños del Club de los Linces de Adena, dejaba constancia de ello: “... el planeta es nuestro porque nos sustenta y nutre y tenemos la sagrada obligación, para nosotros mismos y para nuestros descendientes, de defender su pureza y su riqueza... que los hombres comprendan que si acaban con la naturaleza, acaban con ellos mismos”.
Por eso, alertó desde el primer momento de la amenaza que constituía para nuestra naturaleza la intensificación de ciertas actividades relacionadas con el ser humano. Así, entre las grandes batallas que libró, se encontraban la defensa de las etnias y pueblos indígenas, la lucha contra la contaminación, la desecación de los humedales, la deforestación, la destrucción de las costas, la caza y el comercio indiscriminado de especies o la necesidad de impulsar la creación de espacios protegidos. Además, se esforzó por reconciliar el mundo rural con la conservación de la naturaleza, convirtiéndose así en el precursor en nuestro país de lo que hoy llamamos ‘desarrollo sostenible’.
Como vicepresidente de Adena, Rodríguez de la Fuente trabajó sin descanso para evitar la destrucción de extraordinarios parajes de nuestro país. Por ejemplo, a él se debe, en gran medida, la salvación de las Tablas de Daimiel del proyecto de desecación del entonces Ministerio de Agricultura, y su posterior declaración como parque nacional. También luchó contra la urbanización de zonas ambientalmente tan importantes como la Albufera de Valencia o las marismas de Doñana.






